Juan Carlos Zavala
Una malla verde y concertinas en la parte superior rodean la casa de ladrillos de Edgar Martín en Unión Hidalgo, Oaxaca. En su patio resaltan grandes árboles que nombra en zapoteco: gulubere, guichahueliu, guie bichi, beu’, bisilana, guendadxina y la’guia’, y el terreno en que se encuentra eran terrenos de siembra que sus tatarabuelos fueron heredando hasta que le tocó a él.
“Sigo cultivando esta tierra igual que mis antecesores. Me gusta recolectar semillas y se me ocurrió que para no andar cansándome en los bosques comunales o en el sol, sembrar árboles nativos aquí en mi patio”, dice mientras la tarde avanza y empieza a oscurecer.
Desde hace siete años, Edgar Martín vive bajo amenazas y en ese tiempo ha sufrido agresiones directas por su activismo contra los megaproyectos que han intentado establecerse en su natal Unión Hidalgo, un municipio de la región del Istmo de Tehuantepec; entre ellos, un parque eólico o la explotación de los recursos naturales sin la autorización de la comunidad. Han disparado en su contra y lo han secuestrado con la intención de matarlo. La malla verde y las concertinas fue una decisión del Mecanismo Nacional de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.
Al concluir su bachillerato, viajó a la Ciudad de México para estudiar Ingeniería Industrial; pero con la idea de regresar a su comunidad en cuanto pudiera. No lo hizo de inmediato, porque dos de sus hermanos también viajaron a la capital del país para realizar sus estudios y tuvo que esperar a que terminaran.
En ese tiempo, 10 años, tuvo varios empleos principalmente enfocados en logística, almacenaje y distribución, y otros 10 años operó su propio negocio que se llamaba la Librería del Búho en el que manejaban un sistema de pedidos, pero su socia muere y entonces decide regresar a Unión Hidalgo.
Cuando regresó a su comunidad, inmediatamente es incorporado a los tequios y se inició como secretario del Comité Vecinal, y posteriormente se une a los comuneros quienes entonces eran parte de un movimiento de resistencia en el año 2011 contra la instalación de las empresas eólicas. “Entonces me incorporé a esa lucha, empecé como aprendiz de defensor”, relata.
Ese movimiento fue contra la Central Eólica Unión Hidalgo, conocido como Parque Eólico Piedra Larga, un proyecto de la empresa Desarrollos Eólicos Mexicanos (Demex), filial de Renovae Energy de España, la cual logró instalarse sin consulta previa e informada a la comunidad.
En el año 2012, como parte de esa resistencia se trató de restaurar la representación comunal de Unión Hidalgo, y en 2016 Edgar Martín forma parte de la segunda generación de personas que se suma a la lucha.
De esta manera se integra al movimiento contra la intención de la empresa Electricité de France de instalar un parque eólico en su territorio, y contra dos proyectos de Siemens Gamesa de capital alemán, Palmitas 1 y Palmitas 2, y después en oposición a un proyecto de inversionistas de extranjeros para la construcción de una línea de transmisión de Unión Hidalgo a Ciudad Ixtepec.
Finalmente estuvo en la defensa del cerro La Llovizna, donde se pretendía instalar una minera cielo abierto disfrazada de banco materiales pétreos, y el año pasado también lograron la clausura de un banco pétreo que estaba operando sin autorización en materia de impacto ambiental para suministrar a la línea K del tren Transístmico.
Todas estas inversiones y proyectos en Unión Hidalgo lograron ser detenidos por la comunidad.
“En el caso de los cerros sí ha sido una lucha muy propia y hemos aprendido mucho, sobre todo del Acuerdo de Escazú, o sea, los nuevos tratados internacionales nos han ayudado; pero también hemos encontrado nuevas figuras como la Procuraduría de Protección al Ambiente, es nueva en Oaxaca y hemos utilizado esa opción que antes no teníamos. Y también hemos encontrado mayor apertura de parte de la Secretaría de Medio Ambiente de Oaxaca”.
La primera amenaza de muerte hacia Edgar Martín ocurrió en el año 2018, cuando detuvieron por la consulta indígena para la construcción del parque eólico “Guná Sicarú” de la empresa Electricité de France.
En febrero de 2022, fue baleado por un grupo armado. “Yo sabía que esa noche me iban a agredir, yo ya lo ya sabía”, narra, “fue en el 2022 aquí cerca cuando yo venía de Oaxaca… Yo pensaba que iban a quemar porque siempre quemaban el terreno, pero aventaron tres balazos. Cerca, muy cerca de mí, el primero casi un metro”.
Las amenazas contra el activista nunca han cesado, pero una de las más relevantes ocurrió el año pasado, el 15 de agosto de 2024, porque también se involucró el crimen organizado. Ocurrió cuando, en compañía de autoridades estatales, acudió a clausurar un banco de materiales pétreos llamado “El Barrancón” en uno de los cerros de Unión Hidalgo.
En esa ocasión, no sólo fue amenazado, también fue secuestrado y torturado por algunas horas.
“Ahí nos amenazaron de muerte muchas veces eh y también sacaron las armas, estuvo el crimen organizado presente y pues presenté la denuncia correspondiente. No me permitieron salir del banco pétreo hasta que yo me desistiera de defender el ese esa loma porque ellos estaban haciendo negocios ahí, y ellos no querían pues que yo siguiera”.
Edgar Martín recuera que eran alrededor de 12 personas, varias de ellas armadas, y quien los dirigía era alguien que se identificó del crimen organizado y que traían la orden de matarlo; aunque lo encañonaron con las pistolas, únicamente lo golpearon.
“Intentó estrangularme tres veces, la última vez recibí apoyo de dos personas más y fue cuando me derribaron. Y en ese esfuerzo y la tensión misma de que te van a matar, de que ya iban a dar la orden que te iban a entrar, me hizo que me lastimaran”.
En estos años, el activista afirma que ha logrado ver y confirmar por sí mismo que hay una relación y comunicación entre el crimen organizado que opera en la región del Istmo de Tehuantepec y las corporaciones de seguridad pública, incluidas la Secretaría de Marina y la Guardia Nacional.
Por estas amenazas y hechos en contra de su integridad, está incorporado al Mecanismo Nacional de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Vivir así, afirma, sólo es cuestión de adaptación.
Una de las cosas que tienes que hacer, recomienda, es no oponerse a que la Guardia Nacional acompañe en ciertos momentos, pero estar consciente de que existe una comunicación entre la corporación y el crimen organizado; “pero a pesar de eso, hay como que momentos en que sí puedes utilizar a la Guardia Nacional o a la policía estatal”, agrega.
El GPS que le entregó el mecanismo, asegura, es un arma de doble filo porque el Estado sabe dónde estás, con quién estás y a dónde vas.
“También le busco el modo, o sea, tienes que adaptarte a esa realidad, no negarla, no entristecerte, no acomplejarte, sino decir, así es. Entonces, vamos a ver cómo podemos jugar así. Ya sabes que el árbitro está vendido, pero tienes que hacer el partido.
“Yo diría que pues los defensores en general asumimos el riesgo, yo creo que no seríamos defensores si nos detuviera el miedo, o sea, más bien tratamos, a pesar de ello, seguir avanzando”, expresa.
Aun así, acepta que es vivir en contante riesgo, sólo salir de su casa es un riesgo. Por eso, insiste en que una cuestión de adaptación y no de no desanimarse, sobre todo, afirma, porque la situación del país es delicada a causa de la violencia y los homicidios. “Yo como defensor he visto cuántos han fallecido en nuestro estado, para no ir lejos, y entonces eh lo único que hago es ir aprendiendo”.
Otras de las cosas que ha aprendido son a relacionarse con otras personas y organizaciones, para que tenga un costo político más alto si algún día lo llegan a tocar, y cambiar sus dinámicas cotidianas cuando el riesgo se eleva, como cuidarse más y acortar sus horarios.
“Ya con nueve años, aprendes. Pero pues, no sé, los defensores somos así, ¿no? O sea, no sabría explicarlo. No sé exactamente por qué asumimos la defensa de del medio ambiente hasta ese extremo”.





