Miguel Ángel Maya Alonso
Más de la mitad de la población, el 51.6 por ciento, vive en situación de pobreza, mientras que 16.3 por ciento sobrevive en condiciones de pobreza extrema, de acuerdo con el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2026 del Gobierno federal.
Los números no solo son fríos: son contundentes. En total, más de 2.2 millones de personas enfrentan carencias estructurales que van desde la falta de ingresos hasta el acceso limitado a servicios básicos. Oaxaca no solo aparece en la lista de los estados más pobres del país, sino que se mantiene como uno de los territorios donde la desigualdad se reproduce generación tras generación.
El problema no es nuevo, pero sí persistente. Mientras el discurso oficial insiste en el bienestar, las cifras revelan que la pobreza en Oaxaca no disminuye de fondo, solo cambia de forma. La llamada “pobreza moderada” alcanza al 35.3 por ciento de la población, mientras que cientos de miles permanecen en condiciones críticas, atrapados en una realidad donde el ingreso no alcanza ni para cubrir lo básico.
A esto se suma un dato igual de alarmante: más de 1.3 millones de personas son vulnerables por carencias sociales, lo que significa que, aunque no todos están en pobreza extrema, viven al borde de caer en ella.
El rezago social profundiza el problema. Oaxaca ocupa uno de los primeros lugares a nivel nacional en este indicador, con comunidades enteras donde el acceso a salud, educación, alimentación y servicios básicos sigue siendo limitado. No es casualidad: es el resultado de décadas de abandono institucional, políticas públicas insuficientes y una desigualdad estructural que no ha sido atendida de raíz.
El informe también deja ver otra realidad incómoda: la pobreza en Oaxaca tiene rostro indígena y rural. Más de un millón de personas hablan una lengua indígena y gran parte de ellas se concentran en zonas donde la marginación es más severa. La brecha territorial sigue siendo profunda: hay un Oaxaca urbano que resiste, y otro rural que sobrevive.
Mientras tanto, el ingreso promedio mensual en los hogares del estado es de 17 mil 342 pesos, muy por debajo de lo necesario para garantizar condiciones de vida dignas en un contexto de inflación y encarecimiento constante.






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