El asesinato de Chuy se hizo viral y apareció en los principales noticieros del país al ser víctima del Crimen Organizado. Este caso como el de tantos quedará enterrado por el discurso oficial
Pedro MATÍAS
OAXACA, Oax. (quepasapedro).- Chuy regresó a Huautepec para quedarse. Junto al féretro colocaron su triciclo de elotes.
Aquella imagen pareció contar por sí sola la historia de Chuy y su sostén de vida, pero también de la violencia desbordada.
En Oaxaca, trabajar honradamente también te puede costar la vida como a Chuy y a su esposa Rosalba.
Esta vez no había elotes, no había clientes esperando, ya no había filas frente al triciclo, solo había lágrimas, tristeza, dolor y rabia.
Ahora había filas a su alrededor, pero para despedirlo. Lo acompañaron con coronas de flores, incienso, velas.
Y por un momento, entre el sonido de la banda y el silencio de los presentes, aquel triciclo pareció contar por sí solo la historia de Chuy:
…El día que yo me muera
No voy a llevarme nada
Hay que darle gusto al gusto
La vida pronto se acaba
Lo que pasó en este mundo
Nomás el recuerdo queda
Ya muerto voy a llevarme
Nomás un puño de tierra…
Y es que Chuy se convirtió en una celebridad. Oaxaca lo conoció por sus elotes y el sabor del pueblo.
Las redes sociales lo recuerdan como aquel hombre que empujaba su triciclo para ganarse la vida.
Aquel pequeño vehículo que alguna vez anunció su llegada por las calles de Oaxaca ahora permanecía junto a su ataúd, como si también hubiera llegado a despedirse de su dueño.
Chuy salió de la Sierra Mazateca cuando niño y hablando solo mazateco. La necesidad lo obligó a aprender castellano para vender dulces y chicles.
El hombre que empezó a sobrevivir desde abajo, encontró la manera de salir adelante con la venta de elotes en un sencillo triciclo.
Ahora el triciclo ya no recorrerá las calles porque las amenazas, el cobro de piso, las extorsiones, surtieron efecto.
“Estás mu3rt4”, es la amenaza que alcanzó a la gente mas humilde porque el Crimen Organizado ya tomó carta de naturalización en Oaxaca, aunque Chuy seguirá siendo parte de su historia.
Con “Elotes y esquites El Chuy”, este joven mazateco de 36 años de edad hizo algo más que un negocio: dejó recuerdos en las personas que alguna vez hicieron fila para comprarle un elote.
Chuy descubrió que un producto sencillo y muy mexicano podía convertirse en algo diferente. Esquites en hoja de maíz. Sabores distintos a chapulín, gusano de maguey. Elotes grandes y mensajes de superación. Lo hicieron único a tal grado que terminó convirtiéndose en una historia de emprendimiento que encontró un lugar en las calles del Centro Histórico.
Chuy: el hombre de los elotes que Oaxaca no olvidará
Chuy, el hombre del triciclo de elotes, tenía don de gente. Sonreía. Platicaba. Trataba a sus clientes como conocidos, aunque los acabara de ver por primera vez.
Durante años, su figura se volvió parte del paisaje cotidiano del centro de Oaxaca. Su triciclo, los elotes gigantes, los esquites servidos de una manera diferente y los sabores que fue incorporando a su pequeño negocio hicieron que poco a poco aparecieran las filas.
Detrás del puesto había un hombre que conocía el valor de ganarse la vida con trabajo y que, según quienes lo conocieron, no olvidaba de dónde venía.
Había nacido en la Sierra de los Hermanos Flores Magón, dentro de una familia humilde. Primero fueron los clientes. Después las fotografías. Luego los videos., hasta que nombre comenzó a circular en redes sociales.
Pero, la noche del sábado 3 de octubre de 2026, todo cambió. Cerca de las 22:00 horas, Jesús y su esposa, Rosalba, se encontraban en la colonia Ejidal, en la agencia municipal de San Martín Mexicapan, cuando fueron atacados con disparos de arma de fuego.
Los reportes policiales iniciales señalan que ambos viajaban en una motocicleta por la calle Fresnos cuando fueron agredidos. Murieron los dos.
La noticia comenzó a circular por las redes sociales. Esta vez no había fotografías de un elote gigante. No había filas. No había videos de clientes esperando para comprar.
La Fiscalía General del Estado de Oaxaca confirmó el inicio de las investigaciones y desplegó un equipo multidisciplinario para procesar la escena del crimen.
Mientras las autoridades investigaban, las redes sociales hicieron algo distinto: comenzaron a reconstruir la vida de Chuy: Aparecieron fotografías, recuerdos y mensajes con inteligencia artificial donde lo despedían con dolor e impotencia.
Y es que el hombre que había comenzado vendiendo elotes terminó siendo recordado por algo mucho más grande que su negocio, por su sencillez y su don de gente.
La noticia alcanzó también al gobierno estatal. Su ineficacia y el discurso del Oaxaca seguro se hizo trizas.
El gobernador Salomón Jara Cruz expresó sus condolencias por el asesinato de Jesús y Rosalba y con una narrativa poco creíble informó que había instruido a la Fuerza Binnizá reforzar su presencia en la Zona Metropolitana de Oaxaca, en coordinación con las autoridades federales y municipales. Sus narrativas serán enterradas como tantos casos que se han quedado en la impunidad.
Ahora el triciclo ya no está. Las filas tampoco, pero la historia de superación de Chuy se hizo viral y apareció en los principales noticieros del país.






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